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Correspondencia

Samantha Vick

Semana 1

"Llegó la correspondencia", dijo el Capitán Mendoza, mientras se acercaba con el carrito. Los cazadores estaban dispersos por todo el salón de la Estación Orbital. Todos estaban en sus mesas y relajados en sus asientos. El planeta Crucible brillaba por la ventana.

La cápsula de reabastecimiento semanal comenzó a desacoplarse. Toda la estación temblaba mientras la cápsula se liberaba. A Tosca se le cayó un tubo de ensayo y comenzó a maldecir.

"Esta estación es una porquería", murmuró, mientras el líquido del tubo de ensayo carcomía la mesa. "No sabía que Unity compraba naves de tercera mano".

En la mesa, cerca de la puerta, Tosca experimentaba con... algo. Capitán Mendoza sabía que era mejor no meter las narices.

"Llegó la correspondencia", repitió. Sostuvo un paquete con sellos para paquetes y envuelto de forma apresurada con un cordel. "Summer Iolana".

Summer no respondió. Estaba bailando en su silla, con una mano en la oreja. Capitán Mendoza tuvo que repetir dos veces el nombre antes de que Summer reaccionara.

"¡Ah! Lo siento, capitán. La canción estaba en la mejor parte. Hey, ¿eso es para mí?". Se lanzó sobre el paquete y comenzó a abrirlo. Cayeron un montón de sobres, todos con el nombre de Summer. Algunos estaban escritos en crayón.

"¡Son cartas de los aficionados del Club Triturador!", dijo con emoción. "Las responderé luego".

Earl estiró su brazo y levantó un par de sobres del piso. "¿Les respondes a todos los aficionados?", preguntó.

"¡Claro que sí! "¡Adoro a los aficionados tanto como ellos adoran a su campeona!".

Había algo suave y de color azul al fondo de la caja. Summer sacó un paquete de calcetines decorados con pequeños delfines. "¡Vaya, mi mamá!", dijo. "Le encantan los delfines... y adora que use calcetines limpios".



Mientras Capitán Mendoza se movía hacia la siguiente mesa, Hermano echó un vistazo. "¡Mira, Rahi! ¡Un paquete!", dijo.

Al parecer, Hermano había estado enseñándole a jugar "Go" a Rahi. El pequeño robot se veía feliz con la distracción. Comenzó a abrir la caja con su pequeño cortador láser.

La mirada de intensa concentración de Rahi se transformó en una sonrisa cuando vio la etiqueta. "Es de nuestros amigos de la colonia Chara III", exclamó. Sacó una enorme llave dorada del paquete. "¡Es la llave de la ciudad! ¡No tenían por qué molestarse!".

"Es que los salvamos de esos saqueadores", respondió Hermano. "Y... no puede ser. ¿Se supone que somos nosotros?".

Rahi levantó dos muñecos tejidos que solo se parecían a Rahi y Hermano al mirarlos con los ojos entrecerrados.

 "¡De nuestra amiga Dahlia!". Gritó mientras sostenía uno con emoción. "¡Cuidare a este pequeño Rahi para siempre!".

"De hecho, creo que ese soy yo".

"Mmm. ¿Estás seguro?".

Mendoza sonrió un poco y siguió su camino. El siguiente sobre era crujiente, de color verde oscuro... y no tenía información alguna. Mendoza lo dio vuelta en sus manos. ¿Sin dirección ni remitente? ¿Cómo llegó a meterse entre la correspondencia? De pronto, una mano peluda y manchada de químicos se lo arrebató.

"¿Qué tenemos aquí?", dijo Tosca y lo abrió de inmediato. La carta en del interior también era de color verde oscuro y estaba repleta de símbolos.



La tinta blanca tenía un aroma a océano y, por un momento, Mendoza se remontó 20 años en sus recuerdos.

"¿Qué? No puedo leer esto", se quejó Tosca.

"Por supuesto que no", dijo Ajonah, mientras le quitaba la carta a Tosca. "Por que sabría cualquiera de ustedes leer orisathi?". Miró a Tosca y después a Mendoza, mientras guardaba la carta en una bolsa en su cintura.

Mendoza, que había aprendido orisathi durante su servicio militar en el planeta de Ajonah, descifró las palabras "Marea Alta" escritas con tinta blanca. Ese es el nombre de un infame grupo rebelde de Orisi.

En respuesta, lo único que le dijo a Tosca fue: "No toques la correspondencia de otros cazadores. Ya lo habíamos discutido".

"Es verdad", dijo Shakirri mientras saboreaba su café. "Fisgonear en la correspondencia ajena es ilegal. Debemos respetar la privacidad".

Mendoza le dio una gruesa pila de documentos con el Gran Sello de Na Dakkaru: un árbol con dos estrellas en las ramas. A Shakirri le llega correspondencia así cada semana y se la pasa respondiéndola durante horas. Aparentemente, la Primada hablaba en serio sobre los reportes de situación.

Shakirri dio un suspiro y botó el resto de su café. "El deber me llama", dijo. Se despidió y abandonó el salón.

Bugg, que esperaba educadamente que llegara su turno, se acercó a Mendoza. Como cada semana, dijo: "¡Hola, Capitán! ¿Llegó algo para mí?".

Y, como cada semana, Mendoza respondió: "Lo siento, Bugg. Ya no queda más correspondencia".

"¡Tal vez la próxima vez!, dijo Bugg, mientras se volvía hacia la puerta.

 

Semana 2

"Llegó la correspondencia", dijo Capitán Mendoza. "Esta semana llegó algo del puerto libre Aire Fresco".

El rostro de Earl se iluminó. A pesar de sus gruesos dedos, abrió la caja con cuidado. Misty le había enviado uno de sus distintivos paquetes de asistencia repletos con dibujos infantiles y bocadillos. Earl los puso en la mesa para compartirlos con el resto.

"¡Estáwwn riquwwísimas!", dijo Summer mientras masticaba una galleta de avena del tamaño de su cabeza.

"Qué bueno que aún están frescas", dijo Earl. "El paquete viajó 3500 años luz para llegar aquí".

Se giró hacia Capitán Mendoza. "¿Quieres una galleta, amigo?".

"No, gracias".

"¡Tú te la piegdhes, Capitán!", vociferó Summer.

Shakirri usó su cuchillo de mantequilla para desviar una migaja perdida, mientras que, con la otra mano, hojeaba una pila de documentos.

Entonces, se detuvo. En medio de dos de las páginas, sacó un pequeño sobre de color morado. A diferencia del ostentoso Gran Sello, este símbolo estaba marcado con una sola letra: "K". Shakirri vio el sobre con un ligero semblante de miedo que Mendoza jamás había visto en ella.

"Ehm... ¿quién es K?", preguntó Tosca, que estaba justo detrás de ella.

Los reflejos de Shakirri fueron rápidos, pero Tosca tenía el factor sorpresa de su lado. Tomó el sobre, se teletransportó fuera del lugar y soltó una carcajada.

Shakirri brincó de su silla y la tiró al piso. "¡Devuélvemela!", gritó con furia.

"Te la devolveré... cuando acabe de leerla", respondió Tosca mientras la abría.

Shakirri se abalanzó sobre Tosca, que volvió a desvanecerse. Pero la risa le duró poco, pues un dardo arpón le arrebató la carta de la mano y la incrustó en la pared.

"¡Ja, ja, ja! ¡Oye! ¡No está permitido tener esa arma aquí!".

"Debemos respetar la privacidad", replicó Ajonah mientras recargaba el arma.

Hubo una pausa. Tosca analizaba sus posibilidades de éxito.

"De todos modos, tus secretos deben ser aburridos". dijo Tosca mientras se retiraba dando pisotones. El eco de sus insultos se desvaneció del salón.

Shakirri tomó la carta, con dedos temblorosos, y la metió dentro de su chaqueta. Le dio las gracias a Ajonah, que movió la cabeza en señal de reconocimiento.

El capitán Mendoza avanzó con el carrito y pasó a Rahi y a Hermano, que debatían en voz baja. "Es un bonito pensamiento, Rahi, pero sabrá que fuimos nosotros", decía Hermano.

"Mmm. Podríamos ocultarlo", dijo Rahi. "Silencio... ¡ahí viene!".

Ambos guardaron silencio mientras Bugg se acercaba a Mendoza.

"¡Hola, Capitán! ¿Llegó algo para mí?".

"Lo siento, Bugg. Ya no queda más correspondencia".

"¡Quizá para la próxima!".

Earl miraba, mientras Mendoza abandonaba la sala con el carrito vacío.

 

Semana 3

"Llegó la correspondencia", dijo Capitán Mendoza.

"¡Hola, Capitán! ¿Llegó algo para mí?".

"De hecho, Bugg, esta vez sí".

Todos se mostraron sorprendidos, mientras Mendoza le entregaba un paquete a Bugg. Era un paquete suave y pequeño, envuelto con una cinta anaranjada. "De una amistad", se leía en la etiqueta.

"¡Al fin llegó algo para mí!", dijo Bugg, mientras levantaba el paquete en el aire con felicidad.

Pasó un rato muy largo.

"Entonces... ¿lo abrirás?", preguntó Rahi.

"¡Ah! ¡Claro!".

Bug desató la cinta. En el interior había un muñeco tejido. Era difícil saber qué clase de criatura era. Alguien le había adherido una flor plástica de color azul en el frente.

Un sonido de pura dicha digital emanó de Bugg. "Estoy ansioso por presentárselo a mis plantas", dijo, mientras flotaba con su muñequito fuera de la sala.

Rahi cruzó sus brazos con satisfacción. "Sabía que se pondría feliz", le dijo a Hermano.

 "Tú eres el experto, Rahi", respondió Hermano mientras golpeaba su brazo con afecto. Radiante y lleno de confianza, Rahi puso una piedra negra en el tablero de Go.

"¡Hazme rey!", vociferó.

Summer y Earl se sentaron en la tercera mesa y siguieron saboreando los bocadillos que envió Misty. Earl escribía una respuesta a Misty. Conforme Mendoza pasaba su mesa, Earl lo miró y le ofreció una galleta.

"No, gracias", respondió Mendoza. Le estaba sonriendo a algo en su mano.

"A ti también te llegó correspondencia, ¿no?", dijo Earl, dándole ánimos.

Mendoza mostró lo que tenía. Era una revista sobre la naturaleza. En la portada, una joven zoóloga de cabello oscuro alimentaba con gas nutriente a un pez joviano translúcido bebé.

"¡Vaya!", dijo Earl. "¿Una revista, dices?"

"Por supuesto. ¿Qué más podría ser?". La sonrisa de Mendoza se esfumó.

"Espera que fuera algo más... digamos... personal".

"Pues siento decepcionarte. Yo no recibo correspondencia de tipo personal".

Earl dio una buena mordida a su galleta mientras Mendoza se iba.

 



Mucho después de la hora de apagarse las luces, Earl encontró a Mendoza en el salón. Estaba sentado en una silla, leyendo su revista. El brillo de la lámpara de lectura era la única luz en la habitación.

Earl se sentó en la otra silla y Mendoza se quitó los anteojos de lectura. "¿Necesitas algo, Earl?".

"Debes estar orgulloso", dijo Earl.

"¿Orgulloso? ¿De quién?".

"De ella". Earl apunto a la zoóloga que estaba en la portada de la revista. "Heredó tus ojos".

Mendoza miró el rostro de la joven mujer, sonriéndole a la criatura bebé. Después, apartó la vista. "No entiendo de qué hablas", respondió. "Yo no recibo correspondencia de tipo personal".

"Claro. Claro".

Hubo un breve silenció. Por la ventana, la luz del amanecer cruzaba la superficie de Crucible.

"Aún me quedan algunas galletas. ¿Quieres una?", preguntó Earl.

"… Está bien", respondió Mendoza. "Gracias".


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