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Gajes del oficio.

Carrie Berg

"¡Rahi! ¡Cuidado, la integridad del pasillo que hay delante está comprometida!"

Rahi se detuvo al escuchar las palabras de Hermano.

"Pero Hermano, no podemos dejarles. ¿Puedes dar con una forma de atravesarlo?"

"¿Seguro que no quieres encontrar otra ruta más segura? Hay un corredor..."

"Llevaría demasiado tiempo. Ya ves que el pasillo está derrumbándose. No podemos volver a nuestra nave desde aquí". Con el quejido de un metal destrozado, parte del techo cedió, convirtiendo el corredor en un conjunto enmarañado de chapado metálico y vigas. Rahi avanzó hacia delante con cuidado. "¿Qué pasa con las señales de vida que detectamos?"

Mientras Hermano escaneaba la sección delantera, recordó cómo habían llegado a esta situación. Rahi había detectado la señal de socorro de un carguero atacado por piratas en este sector. La tripulación consiguió llegar a las cápsulas de huida, pero no estaban seguros de que todos hubieran conseguido salir de su carguero siniestrado. Hermano había detectado señales de vida a bordo, y Rahi había insistido en que lo comprobasen en persona.

El escáner captó señales térmicas. "Siguen con vida", confirmó Hermano.

El corredor crujió tras ellos.

"Más vale que nos demos prisa".

"La personas a las que buscamos están por aquí. Parece que hay una sala aquí abajo".

Mientras se acercaban a las puertas destrozadas que llevaban a la sala, sonó un disparo, y una explosión quemó la pared.

"¡Hemos venido a ayudar!" Gritó Rahi. Hubo un segundo disparo, este un poco más cerca de él que el primero.

"¡No necesitamos vuestra ayuda!", gritó una voz. Hermano y Rahi intercambiaron miradas.

"Suena enfadada.", comentó Hermano. "Y nerviosa."

Rahi gritó: "¡Hay que evacuar el carguero! "¡Si os quedáis aquí estaréis en peligro!"

"¡Dejadnos en paz! ¡Estamos bien!" Esta vez no hubo disparo. Hermano se preguntó si sería porque su arma se quedó sin munición. Había ejecutado un análisis durante la conversación, y había un 67 % de probabilidades de que no fuesen miembros de la tripulación original del carguero.

"Ah, Rahi, no creo que pertenezcan a este carguero".

"Claro que no, pertenecen a una cápsula de huida".

"Quiero decir que creo que son piratas, no tripulantes".

"¿Sois piratas?", preguntó Rahi.

"¿Qué clase de pregunta es esa?", gritó la voz.

"¿Ves? ¡No son piratas, y necesitan ayuda!" Rahi se acercó a la puerta.

"No han dicho que no sean piratas", se dijo a sí mismo Hermano, pero continuó, pues no estaba dispuesto a dejar a Rahi solo.

En cuanto Rahi cruzó la puerta, el carguero tembló y se tambaleó hacia el lateral.

"¡Rahi, cuidado!" Gritó Hermano, mirando a la mujer que tenía la pistola.

Rahi se agarró, pero la mujer no tuvo tanta suerte. El repentino movimiento del carguero hizo que su brazo se estrellase contra el lateral de una caja. Maldiciendo, dejó caer la pistola que había estado empuñando. Volvió a maldecir cuando fue a parar lejos de ella. Hermano escaneó la pistola. Vacía. Así que,  que se había quedado sin munición.

Ella les miró pero no se movió. Hermano pronto se dio cuenta del motivo. Su pierna estaba atrapada entre la pared y una caja enorme. En el suelo, junto a ella, había otra persona, vestida de forma parecida. Era probable que hubiese perdido el conocimiento la última vez que el corredor se dobló ante la tensión.

Hermano tenía razón: ninguno de ellos llevaba uniforme de tripulante. Rahi también debía haberse dado cuenta, pero eso no le detuvo.

Rahi se acercó. "Tenemos que liberarte de esa caja".

"¡No te acerques!", refunfuñó.

"Eso no puede ser bueno para tu pierna. Necesitas un doctor", dijo Rahi intentado persuadirla.

"No necesito nada. Dejadnos en paz. ¿No lo entendéis? ¡Nos dejaron atrás!"

Las sospechas de Hermano se confirmaron. La nave pirata despegó en cuanto Rahi y Hermano llegaron para ayudar. Debieron dejar a estos dos atrás.

Rahi siguió sin inmutarse. "¡Eso no significa que debáis rendiros!", respondió efusivamente.

"¿No? Ya no me queda nada. Incluso aunque consiguiera liberarme de esta caja, ¿dónde voy a ir? No logré llegar al punto de encuentro. Nos abandonaron en este carguero. Nuestra nave no volverá a por nosotros".

"Empieza por salir de este carguero. Una vez que estéis a salvo, ya pensarás en lo demás. ¡Las cosas se solucionarán, ya verás!"

Levantó las manos indignada. Era incapaz de detener a Rahi mientras este fisgoneaba alrededor de la caja. Hermano se acercó más, para ayudar con el escaneo.

Al planear cerca de ella, la mujer preguntó: "¿Él siempre es así?"

"¿Optimista? Sí. Aunque no se equivoca. Las cosas sí que tienden a solucionarse para él. Y para cualquiera que esté en su órbita".

Ella movió la cabeza hacia el hombre que había en el suelo. "¿Vas a hacer algo por él?"

"El escáner muestra que sigue con vida", informó Hermano. "Leves hematomas. Nada que algo de descanso y un automédico no arreglen".

Sus palabras parecieron calmarla un poco.

Rahi volvió a ser visible, saliendo del otro lado de la caja. "¡Lo llevaremos con nosotros cuando nos vayamos! Y a ti también. Pero primero, tenemos que mover esta caja. Hermano, voy a necesitar tu ayuda".

Hermano hizo unos pequeños cálculos. "Rahi, deberías moverla hasta aquí".

Hermano salió de nuevo de alrededor de la caja para mirar a la mujer: "Necesitaremos que empujes desde tu lado". Otro crujido desde el carguero extinguió lo que ella iba a decir.

"Vale. Empujaré a la de tres". Sin duda, ella estaba preocupada por los sonidos que emanaban del carguero.

"¿Tienes nombre? ¡Soy Rahi!"

"Los nombres no son importantes".

"¡Claro que lo son! ¡Hasta Hermano tiene un nombre!"

"¿Te llamas Hermano?"

"Rahi me lo puso".

Perpleja, respondió: "De acuerdo. Me llamo Em".

"¿Em, de Emily?"

"No, más bien de... da igual. Haz la cuenta atrás".

 "¡Uno, dos, tres!" Rahi tiró mientras ella empujaba. La caja se movió lo suficientemente lejos como para liberar la presión de su pierna.

"¡Allá vamos! Cuidado Emily, quizá te resulte difícil mantenerte en pie".

"No me llamo Emily. Y me las apañaré". Una vez liberada, Em cojeó hasta el otro pirata que había en el suelo.

El carguero volvió a temblar, y luego hubo un ruidoso estallido y un siseo a medida que el aire comenzó a salir desde la sección.

"¡Tenemos que movernos!" Dijo Rahi, corriendo hacia Em para ayudarla con el pirata inconsciente. "Hermano, ¿cuál es el camino más rápido para llegar a una cápsula de huida?" Levantó al pirata y lo llevó hasta el pasillo.

"Debería haber varios a través de una sala al final del pasillo. Si esas puertas están abiertas, como la de esta sala, deberíamos poder llegar. Pero me preocupa que estén cerradas". Hermano expresó su preocupación.

"No te preocupes. ¡Tendré mi láser preparado!"

"¿Puedes ir más rápido? Preguntó Hermano a Em, planeando cerca de ella.

"No, a menos que quieras que me desmaye, y él tendrá que llevarnos en brazos a todos".

"¡La suerte está de nuestra parte! Las puertas no están cerradas", dijo Rahi desde más adelante.



Hermano podía oír el chirrido de los servos mientras las puertas intentaban cerrarse. "Solo porque están atascadas con algo", dijo.

Una mesa de cafetería hacía de tope en la puerta. Aún no se había doblado por la presión, pero dada su baja calidad, no duraría mucho. Rahi tuvo que esforzase bastante para atravesar el hueco sin mover la mesa, especialmente por eso de transportar al pirata inconsciente.

Dejó al pirata en el suelo y se giró para ayudar a Em a cruzar la puerta. Fue entonces cuando Rahi vio la sangre.

"¡Em, tu pierna!"

"No te preocupes por mi pierna. Yo no lo hago".

"Toma, tienes que envolverte eso". Se quitó su cinturón de tela y se lo dio. Ella lo cogió a regañadientes y, mientras se rodeaba la pierna, echó un vistazo alrededor.

Hermano hizo un barrido de la zona. Cuando regresó, Rahi preguntó: "¿Has encontrado las cápsulas de huida?"

"Hay tres. La que está más a la derecha está dañada. Yo no me fiaría de esa".

Hubo un chirrido metálico agudo cuando la mesa que sostenía la puerta al fin empezó a doblarse. Rahi se dio prisa para ayudar a Em a llevar al pirata inconsciente hasta el fondo de la sala.

"No hay momento mejor que este para averiguar si el resto de las cápsulas funcionan". Juntos, Rahi y Em llevaron al pirata hasta la cápsula de huida de la izquierda.

"¿Y ahora qué?" preguntó Em.

"Ahora nos vamos. Aquí es donde nos separamos".

"¿Y ya está?" Em miró a Hermano.

"Sí. Rahi y yo ya hemos hecho esto antes", afirmó Hermano.

Em volvió a mirar a Rahi. “¿Eres ese Rahi? ¿El héroe del Brazo de Orión?"

"Algunas personas me llaman así, sí.", respondió Rahi modestamente. "Pero yo creo que todo el que salva vidas es todo un héroe, ¿no crees?"

Ella se detuvo y luego asintió. Al meterse en la cápsula con el otro pirata, dijo: "Por si sirve de algo, ha estado bien conoceros.  Y... me llamo Emeline":

"Que tengáis buen viaje, Em... ¡que diga, Emeline!" Rahi observó cómo su cápsula de huida salía del carguero antes de preparar la cápsula del medio. "¿Listo?", preguntó a Hermano.

Hermano entró planeando y ocupó su lugar junto a Rahi. "¿Crees que volveremos a verles?"

"¡Estoy seguro de que sí!"

Hermano asintió. No esperaba menos de Rahi.


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